Viajando por Nueva Zelanda


Moeraki boulders

Esta maravilla, creación de la naturaleza que miden hasta tres metros de diámetro, se formaron a partir de antiguos sedimentos marinos hace unos 60 millones de años.

Dési&Cris

Dos Viajeras

Moeraki boulders

Nos fuimos a dormir justo al lado de la playa, con la pena de que ya llegamos de noche así que no pudimos ir a ver las rocas. 

Pero eso no era un problema, pues la puesta de sol en la playa no era lo más bonito, sino el amanecer. 

 

Así que, como cada día nos levantaríamos prontísimos y dispuestas a fotografiar uno de los mejores momentos que nos regala la naturaleza. 

 

Hay que decir que esa noche aparcamos la homy justo en frente de otra, es decir las dos se miraban de morro. 

 

Eso que vemos a una chica dentro de la furgo moviendo los brazos efusivamente, como si nos estuviese diciendo hola con los brazos y las manos… nosotras pues le seguimos el rollo y le dijimos también hola con los brazos, aunque no entendíamos muy bien ese ímpetu. 

 

Total, que salimos de la furgo para hacer un pipi y puuuuuuuuuum un millón de mosquitos nos entraron dentro. Por suerte ya estábamos curadas de espantos así que un poco de matabichos y muertos… a eso que miramos a la chica y seguía saludando. 

 

Ahí ya nos dimos cuenta que la cosa no era para nosotras, pues a la pobre le habían entrando los mismos miles de mosquitos que a nosotras y lo que hacía no era ser amable y decir hola como una loca, sino que estaba intentando matar los mosquitos a palmazos. 

 

Jajajajaja por un momento pensamos que estábamos haciendo una amiga nueva. 


Para ponernos un poco en contexto vamos a explicar resumidamente la teoría científica del por qué estas piedras tan grandes y redondas están en medio de una playa y solo se encuentran en este sitio del mundo.


Las formaciones han sido expuestas a través de la erosión de la costa de los acantilados costeros. 

Los expertos dicen que las rocas  son el resultado de la erosión, el tiempo y la concreción.


Se cree que las piedras fueron creadas por el endurecimiento de la piedra de barro del Paleoceno que luego fue enterrada en los acantilados de piedra de barro y el incesante golpeteo de las olas durante milenios ha erosionado  la piedra 

5 de la mañana, sin aún salir el sol, bajamos las escaleras hasta llegar a la playa y a las magníficas formaciones de rocas.

 

Fue brutal, Dési tenía muchas ganas de llegar aquí, pues hacía años vio una foto de alguien que estuvo ahí y ya desde ese momento tenía la curiosidad por venir alguna vez en la vida a este sitio. 

Tuvimos bastante suerte, pues a la gente parece que no le gusta madrugar mucho y no había nadie. 

Eso sí, a la que salió el sol del todo, vino un autobús lleno de asiáticos, drones volando, foto por aquí y por allá, fotos con tablets. 


La verdad que ir cargando con ese pedazo de bicho (tablets) y que encima tienen una resolución de fotos malísima no tiene mucha gracia, pero parece ser que hay personas que les gusta hacer fotos con ellas. 

 

La forma tan redonda y grande que tienen es súper bonita. 

Decimos adiós a este lugar único en el mundo y seguimos el rumbo. 

A recargar pilas

Llegaba el momento literal de cargar pilas, no sé si lo hemos explicado, pero las bibliotecas son nuestras mejores amigas en los viajes, podemos ir al baño, rellenar botellas de agua, cargar todo tipo de aparatos, buscar cosas por internet y descansar. 

Ya con todo cargado nos dirigimos hacia el centro de la isla. 

 

Pero no sin antes parar en otro punto estratégico para el avistamiento de pingüinos.

Seguimos con la búsqueda de pingüinos

Nosotras bien curiosas nos pusimos en la orilla a esperar, vemos que no venía nadie y pensamos mira que bien, otro día que vamos a estar solitas y encima vamos a ver pingüinos… 

Mientras llegaba el atardecer nos pusimos a pasear y vimos a un grupo de leones marinos durmiendo, nosotras no teníamos ninguna intención de asustarles, pero por lo visto lo hicimos. 


Os aseguramos que hacen un ruido muy fuerte, abren la boca mucho y te enseñan los dientes… Aix, qué momento de miedo, rápidamente salimos de ahí y nos fuimos a un tronquito a sentarnos y esperar a los pingus. 

Pero, eh tía ¿qué es eso que brilla?

Anda una Pahua, anda otra y otra y muchas. 


buaaaaa que ilusión, la playa estaba llenísimas de Pahuas, pillamos unas 60 en total y no es broma, eran tan bonitas que pensamos que podría ser un buen recuerdo/regalo. 

Vale, ya era casi la hora del retorno de los pingüinos y eso que viene una mujer y nos dice que no podemos estar ahí que sino, nos iban a oler y no saldrían del agua, así que nos señaló donde era el sitio para ver a los pingüinos. 

Fuimos para allá y las vistas de la playa increíbles, agua color turquesa mezclado con la arena naranja y negra. 

Súper bonito, pero estábamos ya cansadas, teníamos frío y los pingüinos no aparecían, así que otro intento pingüinero fracasado. 

Por cierto, en la parada técnica en la biblioteca hicimos la compra de algo, pensábamos que sería una turistada más, pero se convirtió en las primeras lagrimas de emoción del viaje.

¡KiwiBesitos a todos!


Seguimos sumando momentos
Dos Viajeras