Hemos vuelto después de varios meses de parón en los que hemos vivido un montón de cambios, entre ellos vender nuestra Hommy, nuevos trabajosmudanza a nuestra propia casita con jardín incluido etc, pero bueno ya os iremos contando todo ello más adelante. No vamos hacer spoiler que entonces pierde la emoción…

Dési&Cris

DosViajeras


Continuemos con el viaje por Nueva Zelanda.

Después de viajar durante 3 días por toda la increíble, salvaje y húmeda West Coast. ¡Ah! y no nos olvidemos de los cientos y cientos de “inofensivos” mosquitos.

Rumbo a Wanaka

Ponemos rumbo a la zona de los lagos turquesas y los destinos favoritos para los amantes de los deportes de aventura, Queenstown y Wanaka.

Antes intentamos hacer un trekking por los glaciares de Franz Josef, pero debido al temporal de hacía unas semanas se encontraban cerrados, así que vimos los vimos de lejos .

Tenemos que decir que nos enamoramos de Wanaka. Fue un amor a primera vista. Es un pueblo pequeñito pero con tanto, tanto encanto rodeado de un lago.

El hecho de tener ese pedazo de lago, le da un royo muy guay al pueblo ya que han sabido aprovecharlo ofreciendo un montón de deportes de agua, muchas zonas verdes para hacer picnics,  restaurantes con vistas al lago, etc.

Además te encuentras uno de los árboles más fotografiados de New Zealand.

Árbol famoso por estar en medio de un lago

Os dejamos una foto porque lo reconocemos y admitimos nosotras también le hicimos fotos.  

Cuando andas por sus calles se respira un ambiente tranquilo, bohemio, amable…vamos que estarías todo el día perdiéndote por sus 4 calles. Según nos comentó un kiwi, es el sitio donde viven personas acomodadas y la mayoría se dedican a negocios on-line. 

Pero ya sabéis que nosotras no nos vamos a quedar con las cosas superficiales así que estábamos dispuestas a profundizar en nuestro romance con Wanaka. Nos fuimos a la oficina de turismo a preguntar por vuelos en helicóptero o alguna actividad en la que pudiéramos disfrutar más aún de Wanaka.

Sinceramente, cuando vimos los precios pensábamos que bueno tampoco hacía falta profundizar tanto… Pero siendo chicas con recursos e imaginación, encontramos la opción barata, caminar que de momento es gratis.

Wanaka

Subimos a la cima de una montaña en la que pudimos disfrutar de unas increíbles vistas… (ok…no es lo mismo que verlo en helicóptero pero bueno la idea te la haces y tu bolsillo lo agradece).

Pero todo no acaba ahí, Wanaka también se “enamoró” de nosotras y nos ofreció una de las experiencias surrealista del viaje, de esas que ni se te pasan por la cabeza cuando planeas un viaje… ¡¡¡ NOS DUCHAMOS EN UNA GASOLINERA!!!

Ahora os estaréis preguntado ¿Por qué en una gasolinera?... Pues bien después de tres días de viaje el cuerpo te pide una ducha, porque las toallitas ayudan y mucho pero no lo suficiente.

Bueno que nos desviamos…volviendo a la pregunta, nos duchamos en una gasolinera porque según la aplicación del móvil que utilizamos durante todo el viaje, la cual te informa donde puedes encontrar duchas, a veces son gratis otras no, baños, éstos siempre son gratis.

 En Wanaka, la única ducha que había 24 horas abierta estaba en la gasolinera, nótese que esta no era gratis.

Ante la necesidad de sentirnos limpias 100% pusimos rumbo a la tienda de la gasolinera.

Nosotras no estábamos muy convencidas de si la app tendría razón ya que nos parecía tan raro pero en cambio para el dependiente era lo más normal y muy amablemente nos informó que si queríamos agua caliente había que pagar 1$ el minuto.

En este momento descubrimos que te puedes duchar perfectamente en menos de 3 minutos. La pela és la pela

Una vez limpitas decidimos acabar nuestro bonito e intenso romance con Wanaka tomando algo en un bar con vistas al lago y observando las estrellas.

Dési estaba tan encantada y enamorada de Wanaka que le quiso regalar su gorro preferido.

La realidad es que lo perdió pero no vamos a quitarle romanticismo a la historia.

Con el romanticismo a flor de piel esa noche decidimos buscar un sitio para dormir al lado de un lago para poder desayunar viendo el amanecer reflejado en el lago.

Gracias a la app encontramos un sitio en el que podíamos dormir en la furgo gratis y estaba al lado de un lago, así que parecía que íbamos a desayunar en el sitio perfecto…Como bien decimos parecía porque a la mañana siguiente al despertarnos nos encontramos con este paisaje.

Nuestra idea de desayuno idílico se esfumo por una gran niebla que casi no podíamos vernos entre nosotras pero por suerte da igual donde desayunes si el desayuno son unos pancakes con Nutella y plátano…mmm….

Seguimos conduciendo a 40km/h dirección Queenstown

Limpitas y con energía ponemos rumbo hacia  la ciudad del deporte de aventura y el paraíso para practicar esquí o snowboard en sus increíbles y caras pistas.

Además en Queenstown se encuentra una de las hamburgueserías más famosas de New Zealand llamada Fergburguer, donde hay largas colas para comer sus sabrosas hamburguesas.

Tenemos que decir que cuando pasamos de la West Coast a Queenstown y Wanaka ya empezamos a notar el frio, notamos que ya estábamos en el sur de la isla Sur.

Antes de llegar a Queenstown nos encontramos un pueblecito que se llama Arrowtown, si nos preguntáis porqué nos desviamos hacia este pueblecito, pues realmente no tenemos ni idea pero damos gracias a lo que sea porque descubrimos un pueblo increíblemente diferente y con una historia sorprendente, al que se le añadía los intensos colores del otoño. Esta mezcla lo hacía un lugar mágico.

Es un pueblo que ha mantenido tanto la arquitectura inglesa de finales del siglo XIX con lo que al pasear por sus rincones te transportas a esa époc,a como las pequeñas casas de piedra de los trabajadores.

Como siempre decimos unas cuantas imágenes valen más que mil palabras, así que os dejamos unas cuantas.

Con respecto a la historia, este pintoresco pueblo surgió de la fiebre del oro de Nueva Zelanda al encontrar oro en el rio. Sí tal y como estáis pensando estuvimos un rato mirando el agua a ver si por casualidad veíamos algo brillar pero nada, no tuvimos esa suerte.

Lo curioso es como una gran población tanto hombres y mujeres de China vino a trabajar en el oro el cual ya no era de tanta calidad y a los europeos ya no les compensaba trabajar en él y lo sorprendente eran las condiciones en las que vivían.

Os dejamos unas imágenes de lo que eran sus enanísimas casas, las cuales no tenían nada, en el mejor de los casos una chimenea para paliar el frio e incluso algunas están construidas en el interior de la roca.

Después de sentirnos más cultas, llegamos a Queenstown donde el otoño y sus colores hacían acto de presencia regalándonos unos paisajes espectaculares con mezclas de azules, verdes, amarillos, rojos, marrones, naranjas etc.. Era todo un espectáculo el cual nos dejaba cada dos por tres con la boca abierta y con la cámara en mano haciendo mil fotos.

No sé si paramos como unas 20 veces durante el camino para hacer fotos y más fotos.

Como nos gusta viajar sin prisas, pudiendo disfrutar de todo en cada momento y hacer lo que nos apetece, dejándote sorprender y aceptando tanto lo bueno como lo malo.

Así que será mejor que lo veáis con vuestros propios ojos porque hay cosas y momentos que no se pueden describir, simplemente ver y disfrutar.

 Para nosotras Queenstown tiene un rollo muy parecido a la Vall d’Aran. Casas de piedra con el tejado de pizarra, muchas tiendas de deportes de montaña, el ambiente montañero con estilo…

El inmenso lago que rodea Queenstown donde puedes practicar un montón de deportes de agua. Además tienes la opción de practicar deportes de aventuras como paracaidismo, puenting etc.

Por cierto, pasamos por la famosa hamburguesería y al ver la larguísima cola decidimos que no merecía la pena esperar tanto para una hamburguesa.

Otra atracción turística en Queenstown que nosotras no hicimos es subir con el funicular a una de las montañas para ver el Skyline.

Cris probando el agua que según dicen es una de las más puras. No le pasó nada así que será verdad...

Nosotras decidimos evitar las atracciones turísticas y escogimos la opción de recorrer el largo lago por carretera. Pero no sin antes vivir uno de los momentos made in Dési.

La que la conocéis ya sabéis que es una curiosa con ideas divertidamente locas, pues bien se le ocurrió la idea de tocar a este pato. Y la loca número dos, Eli, la siguió en la idea.

Y como bien sabéis lo que nos proponemos lo conseguimos pero por desgracia Cristina, la prudente del grupo, no pudo capturar ese momento en que no sabemos quien se asustó más si el pato o las locas.

Próximo destino la zona de Fiorland and Southland o lo que es lo mismo, nos dirigimos al sur de Nueva Zelanda dónde vamos a vivir momentos increíbles llenos de emociones incluida alguna que otra lágrima de felicidad...

¿Os lo vais a perder?


Seguimos sumando momentos
Dos Viajeras


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