Viajando por Nueva Zelanda

The CatlinsLa parte más sur de la isla sur

En este capítulo nos adentramos en la parte más sur de Nueva Zelanda, donde los acantilados muestran la fuerza de la inmensidad del mar.

Vamos a conocer nuevos animales, sonidos del océano y emociones al ver el mejor sol de New Zealand

Dési&Cris

Dos Viajeras

Y como cada día, a eso de las 5 de la mañana ya nos poníamos en pie y, no es que seamos personas más madrugadoras que los gallos, sino que nos acostábamos a eso de las 8 para aprovechar al máximo las horas de sol, así que a las 5-6 estábamos ya más frescas que unas rosas en primavera.

Y una vez con el desayuno y cafelito en el cuerpo empezamos el día hacía la zona más sur. Las bromas y momentos divertidos en el coche, están siendo nuestra bendita rutina del viaje.

¿Alguna vez habéis viajado 3 en la parte frontal de un coche?

Para nosotras era la primera vez y la verdad que mola mucho, pues las 3 vemos con una gran perspectiva los majestuosos paisajes que ofrece Nueva Zelanda mientras vas conduciendo.

En busca de leones marinos

Seguimos todos esos puntos de interés que las guías te dicen que hay leones marinos, también los consejos de gente que ya había viajado por la zona… y la verdad que lo único que encontramos fue lo que siempre hay en Nueva Zelanda.

Ovejas.

¿Sabéis que la población de ovejas en Nueva Zelanda supera los 40 millones?

Y en cambio no llegan a los 5 millones de personas. 

Pues ya os podéis imaginar, aquí es más fácil hablar con una oveja que con una persona.

El viaje hace el viaje, así que no vimos leones pero ¿qué nos decís de la inmensidad del océano?

Aquí se empezaba a escuchar el fuerte ruido de las olas y te das cuenta de lo pequeña que eres ante la naturaleza que tienes delante, al mismo tiempo nos sentíamos muy afortunadas de estar rodeadas de tal estampa  

Parada técnica para descansar

Si algo tenemos que destacar en cuanto a los pueblos es que hay pocos, muy pocos, especialmente en la isla sur y cuanto te encuentras con alguno a veces lo único que tienen es literalmente 1-2 calles, con un poco de suerte una gasolinera, pero lo más curioso es que en muchos encontramos museos e iglesias. 

¿Para qué? Pues no lo sabemos, pero hartas de la duda en este caso llegamos hasta el fondo de la curiosidad. ​​

Hicimos la parada de descanso, en un pueblo que solo había una mini gasolinera en la cual había una mujer que lo mismo te servía gasolina, como que te daba toda la información turística y mapas de la zona y al mismo tiempo era la encargada del museo, que estaba pues justo ahí, en la gasolinera. Y este dato no es seguro, pero juraríamos que la mujer multitareas también era la cura del pueblo.

Tuvimos que entrar sí o sí al museo, NOS OBLIGÓ. Teníamos la sensación de ser las primeras personas en parar ahí después de mil años…

El museo podríamos decir ha sido el más feo que hemos visto nunca, solo había muñecas de porcelana y poca cosa más, pero eso sí, la mujer estaba tan orgullosa de su museo que no nos dejó hacer ni una foto.

Así que no os lo podemos enseñar, pero vamos que tampoco os perdéis nada.

Y como hemos dicho, la iglesia y el museo que no falte. Pues a la iglesia que nos fuimos.

Era proporcional al tamaño del pueblo, pequeñísima.

Así que como no había párroco ni fieles en ese momento, pues Eli tuvo su momento de gloria y nos demostró sus dotes como sacerdote.

¿Será que Eli estaba practicando para cuando nos casemos? ¿ Será ella quién nos case?

En busca de pingüimos

Zona de acantilados mezclados con larguísimas playas de arena blanca.

Ha costado ir avanzando, cada momento merecía prestar atención, bajar de la furgo, hacer muchas fotos y retener en la memoria todo lo que veíamos.

Qué maravilla en serio, todo estaba saliendo perfecto así que nos fuimos a buscar pingüinos.

Para quienes los quieran ver, se aconseja ir muy temprano cuando salen a nadar o bien cuando ya regresan que suele ser 1h antes de oscurecer.

Pero a pesar de todo son bastante difíciles de ver y la verdad que no hemos tenido esa suerte.

Otra vez será,  de momento no hemos visto  a ningún pingüino.

El mejor momento en The Catlins

Nunca sabemos donde vamos a dormir, es algo que se decide unos minutos antes de que llegue el momento y es de las cosas que más nos gustan de viajar en furgo. Que en el peor de los casos pues vas a dormir en medio de algún sitio no habilitado pero ya está. Cama vas a tener siempre.

Así que siguiendo nuestro instinto llegamos al mejor sitio de los que hemos estado para pasar la noche en Nueva Zelanda.

Solo llegar nos quedamos enamoradas y decidimos que esa noche íbamos a sacar la barbacoa y junto a la candela nos pondríamos a cenar.

Pero antes fuimos a pasear por la zona con la sorpresa de que vimos a éste curioso pájaro, que no es un pingüino pero para nosotras como si lo fuese, pues se parecía mucho y eso ya nos hizo muy feliz.

Pero aún no había llegado lo mejor, de camino a la furgo vimos algo muy grande.

¿Pero qué es eso?

Síiiii un león marino.

Y ya para rematar tuvimos el mejor atardecer de nuestra vida.

Brutal, increíble, sin palabras.

Se hizo la magia para nosotras y nos fuimos a dormir muy pero que muy felices.

Camino a Dunedin

Nos vamos despidiendo de la zona Catlins para poner rumbo de Dunedin, donde será nuestra parada puente hasta el siguiente e único destino.

Nos dirigimos hacía un lugar único en el mundo.

Literalmente único, lo que ha pasado aquí aún no hay teoría científica que lo describa, pero esto no lo vamos a explicar hasta el siguiente capítulo.

Mientras tanto, dejamos estas fotos tan bonitas que hicimos de camino al siguiente destino

Aquí ya sí que empezamos a ver un montón de leones marinos por las playas.

Felices por seguir escribiendo y compartiendo nuestro sueño con vosotros y con nosotras mismas, pues cada vez que releemos lo que escribimos es como volver a vivir el momento.

Es por eso que escribimos, a veces más lento de lo que queremos, pero siempre con la intención de revivir todo aquello que un día hicimos, lo cual cosa no es otra que vivir.

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