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Viajando por Nueva Zelanda


LLegamos al sitio más norte de nueva zelanda

Y ahora sí, después de este post podremos decir que nos hemos recorrido Nueva Zelanda desde la punta más sur hasta llegar al punto geográfico más al norte de todo el país.

Dési&Cris

Después de la experiencia de los gusanos luminosos y viendo que aún teníamos unos días por delante,  se nos ocurrió llegar hasta lo más norte de Nueva Zelanda o lo que es lo mismo pusimos rumbo a Cabo de Reinga y así ya podríamos decir que nos habíamos recorrido el país literalmente de punta a punta.

El camino hacia  era igual de importante e impactante que el destino final, así lo que tenían que ser 4 horas fueron unas cuantas más  porque a cada momento parábamos. 

En una de las paradas y una vez más gracias a la increíble vista de Eli para ver e identificar animales, fuimos testigos de cómo esta gran manta nadaba lentamente cerca de la orilla, se paraba y se camuflaba con la arena y volvía a aparecer.

Fue todo un espectáculo.

Cabo Reinga

Cabo Reinga es especial y no sólo por ser el punto más septentrional de Nueva Zelanda, sino porque estando aquí se puede ver perfectamente cómo se encuentran dos océanos.

El mar de Tasmania se encuentra con el océano Pacifico en un remolino de corrientes, lo que provoca un espectáculo de colores azules y olas que van de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.

Es algo que te hipnotiza.

Además, es un lugar espiritual y con mucho significado para la cultura maorí.

Para ellos Cabo Reinga es el “lugar del salto”, es decir el lugar donde los espíritus maorís comienzan su último viaje. Aquí se encuentra un árbol de más de 800 años donde los espíritus maorís saltan hacia el océano para regresar a su patria ancestral.

Después de sentir esa plenitud, esa libertad y felicidad estando en esos acantilados era hora de volver y poner rumbo a Auckland o lo que es lo mismo 6 horas conduciendo.

Empezamos a bajar hacia Auckland

Esa noche decidimos dormir en la furgo pero en un camping ósea que fue una de las pocas noches que pagamos por dormir. La verdad que el camping Tapotupotu estaba en un sitio privilegiado y súper bonito. Dormimos en una playa de agua cristalina rodeada de montañas con la característica vegetación de NZ.

 El sitio era el típico de postal.

Después de desayunar un pancake con Nutella y una tostada con huevos revueltos lo que se había convertido sin querer en una tradición matutina pusimos rumbo a Auckland.

El siguiente destino sería parar en las Dunas de Arena, porque sí en Nueva Zelanda no es todo montaña y playa también hay gigantescas dunas de fina arena dándote la sensación de que de repente estás en el desierto.

Tiendas sin dependientes, ni cajas fuertes...

En una de las paradas que hicimos hasta llegar allí, compramos una bolsa de aguacate por $2. Sí sí esto que veis es una tienda donde no hay dependientes, ni cajas registradoras, ni nada. Simplemente coges la bolsa de la fruta o verdura que quieras, metes el dinero en una cajita o los más cool tienen una especie de buzón y listo.

Mientras viajas por Nueva Zelanda te puedes encontrar un montón de este tipo de tiendas donde mayormente encuentras fruta, verdura, huevos y flores.

Son los propios agricultores o personas que en su jardín tienen un huerto los que ponen este estante dándote la posibilidad de comprar fomentando el comercio de proximidad.

Estamos encantadas con esta idea donde se prioriza la honestidad y voluntad de la gente sabiendo que si alguien coge algo lo va a pagar y no lo va a robar.

90 Miles Beach

Aquí vivimos otro de los momentazos del viaje porque nos entraron varios ataques de risa y disfrutamos como niñas pequeñas.

También fue el momento de poner duras nuestras piernas y trasero subiendo las altísimas dunas y no sólo una, sino que unas cuantas.

Después llegó el momentazo de acro-yoga o bueno intento de acroyoga porque fue de todo menos acrobacias y relajación hahaha.

Cada vez que lo recordamos nos partimos.

Es verdad eso de que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.

Nosotras tan solo necesitamos unas dunas gigantescas, una cámara y nuestro cuerpo para hacer la croqueta  hasta llegar al final de la duna.

Y así varias veces.

 Y esta es la cara que se te queda después de tener arena por todos sitios y haber comido kilos de exquisita arena,  os avisamos que eso de reírse mientras haces la croqueta no es una buena idea.

Y más rebozadas que una croqueta de mi madre nos dirigimos hacia Auckland, el último destino.


Seguimos sumando momentos
Dos Viajeras


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